Mitos y realidades sobre el emprendimiento social by Innpactia

El emprendimiento social ha crecido sustancialmente en los últimos años en Latinoamérica, y al ser una forma de hacer negocios relativamente nueva, existen dudas del funcionamiento y las realidades del ecosistema.

Una de las empresas que se desenvuelve en el emprendimiento social es Innpactia, start-up participante en el programa de aceleración de MassChallenge. Su misión es hacer más sencillo, efectivo y rápido el proceso de búsqueda de recursos para los emprendedores que tienen proyectos de corte social o medioambiental. Juan Carlos Lozano, fundador y CEO de Innpactia, nos cuenta los mitos y realidades en la percepción de las empresas sociales.

Realidades

  1. Democratización de la información. La mayoría de los datos o convocatorias están en inglés y son difíciles de encontrar, lo que genera un obstáculo para los emprendedores hispanos. En palabras de Juan Carlos Lozano, “hace falta mejorar las condiciones y disminuir las barreras para que la mayor cantidad de organismos de América Latina tengan acceso a los recursos”. La misión de Innpactia es facilitar la información a los emprendedores sociales latinos para que reciban esos apoyos.

 

  1. El nivel de inversión en este sector es alto. Las asociaciones de carácter privado y algunos organismos públicos ofrecen programas, financiaciones y premios a las empresas que buscan un cambio en la sociedad. Acorde a los datos de Innpactia, en los últimos cuatro años se han contabilizado más de mil 800 millones de dólares en recursos por año, provenientes del sector público y privado.

 

  1. En México, el emprendimiento social es tendencia. En nuestro país las oportunidades de apoyo son amplias, comparado a otros países de América Latina. Por ejemplo, el INADEM (Instituto Nacional del Emprendedor) y más específico, el INDESOL (Instituto Nacional de Desarrollo Social) tienen programas que impulsan a los emprendedores sociales. Periódicamente, lanzan concursos, premios y convocatorias. ¡Mantente alerta!

 

  1. El principal reto es legal. Para Juan Carlos, uno de los principales dilemas es categorizar a este tipo de empresas como “organizaciones sin fines de lucro”, “asociaciones civiles” o “empresas sociales”. Cada uno de ellos tiene ventajas y desventajas en lo financiero, administrativo y, sobre todo, en lo legal. La falta de una legislación homologada en Latinoamérica retrasa el desarrollo de las start-ups de corte social.

 

  1. Una empresa exitosa resuelve un problema social. Los consumidores están apoyando a las marcas que, además de vender sus productos, resuelven problemáticas sociales. Los clientes se encuentran ávidos en sentir que sus compras apoyan causas como el medio ambiente, la pobreza o salud. La visión de las empresas sociales es que, en el largo plazo, el éxito de cualquier empresa se mida según el impacto social que tenga.

Mitos

  1. Nadie inverte dentro del emprendimiento social. Probablemente es el mito más grande con respecto al tema. Se cree que pocos arriesgan su dinero ahí porque las ganancias funcionan diferente a las de una empresa normal. Sin embargo, más de mil entidades públicas y privadas en Latinoamérica ofrecen financiamientos a proyectos sociales. Adenás, estas instituciónes dan apoyo a fondo perdido, es decir, no piden ninguna retribución a cambio.

 

  1. Se requiere mucha mano de obra y poca tecnología. En realidad sucede todo lo contrario. Ahora más que nunca se utiliza tecnología en favor de los proyectos sociales. El desarrollo de software, uso de máquinas o simplemente internet son suficientes para contribuir a causas de alto impacto.

 

  1. Una empresa social es igual que una ONG o asociación civil. Las empresas sociales sí tienen una misión social (como cualquier asociación civil), pero su modelo de negocio es como el de una empresa privada, buscando generar un retorno y suficientes ingreso para ser autosustentable. Es decir, las empresas sociales toman lo mejor de los dos mundos. De hecho, se les denomina “el cuarto sector”, los otros tres son: el público, el privado y las asociaciones civiles u ONG’s.

 

  1. Las empresas sociales no son sustentables. Dado que antes se veía a las empresas sociales como ONG’s, se pensaba que su única manera de subsistir era a través de las donaciones. Pero en realidad el fin de una empresa social es que logra ser autosustentable, como cualquier otra empresa. Aunque, como ya lo mencionamos en el punto anterior, la causa sigue siendo social.

 

  1. Las empresas de carácter social no pagan impuestos. En realidad esto es una verdad a medias. En algunos países del mundo, como Chile, Colombia o Inglaterra, ya se reconoce la figura de “empresa social” y se ofrecen facilidades para el pago de impuestos. Sin embargo, en el resto de naciones que no tienen esta figura jurídica, estas empresas deberán pagar impuestos de manera normal, independientemente del objetivo social que tenga el organismo.

Sin duda el panorama del emprendimiento social, en especial en Latino América, es tanto prometedor como retador. Si bien existe apoyo y muchas necesidades a las que aportar, que se convierten en oportunidades para este tipo de ideas, es importante regularizar el formato de empresas sociales para mejorar su funcionamiento. Pero, como lo explica Muhammad Yunus (emprendedor social y principal impulsor) «Es un nuevo formato de negocio que alude a la empatía que tenemos todos como seres humanos», y la fuerza de algo como eso tiene potencial de generar un gran impacto en el mundo.

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